La construcción de una forma innovadora de comunicación a través de la Mediación.
Como un elemento constitutivo del ser humano, los conflictos irrumpen en la vida de las personas como una forma más de vincularse, enquistándose en la sociedad como una referencia cultural a propósito de los cambios de paradigma que se viven y que se entienden como crisis sistémicas. Y en eso está la familia, las parejas, las mujeres, los adolescentes, los niños, en fin, aunque en realidad se trata de estados de transición y de aprendizaje hacia otros modelos que las personas no alcanzamos a advertir ni a dimensionar.
La instalación de nuevas tecnologías, que nos conecta con el mundo en forma instantánea, nos proporciona elementos renovados de comunicación, con el riesgo de reemplazar el contacto directo para decir cosas más difíciles; lo que perjudica la sociabilidad y la transmisión de emociones, disfrazando estados de ánimo y maquillando lo que realmente se piensa. Con ello también se abren otros focos de conflictos humanos al ocultarnos en estas tecnologías, dejando sumergidas las penas, la rabia, el desencanto. Lo que plantea una forma de enajenación al no ser capaces de intervenir nuestra realidad. Estilo que se traslada a los jóvenes y los niños y constituye todo un desafío para la ciencia en cuanto a desentrañar y analizar conductas y patologías que emergen desde las personalidades que se podrían inventar para anestesiar una vida difícil, adversa, por ejemplo.
¡AQUÍ SE RESPETA!
En el tiempo, todas las sociedades han generado instancias para regular sus conflictos. En consecuencia se acercan posiciones encontradas en torno a la necesidad de crecimiento al que todos aspiramos, y por un bien común se llega a acuerdos. En las etnias originarias, por ejemplo, los sabios, los chamanes, los consejos de ancianos, eran quienes dirimían frente a un conflicto, siendo en la actualidad el marco legal, la estructura jurídica, quien nos impone como resolverlos. En este sentido la Nueva Reforma Procesal Penal establece la Mediación como un procedimiento de paz válido en las relaciones interpersonales y susceptible de trasladarse a diversos ámbitos, como la familia, la escuela, el vecindario, la salud, los negocios, donde la ciudadanía se hace cargo de sus diferencias y es responsable de ellas, impactando en la sociedad como un proyecto de comunicación democratizador. Es decir, que propone salirse de la lógica confrontacional para ejercer el derecho a expresarse y a entender el recorrido del conflicto en plena conciencia del deber de respeto y de escuchar al otro co-responsable. En la medida que la educación considere y promueva la existencia de este otro, como “legítimo otro”, las sociedades tendrán más oportunidad para avanzar. En síntesis, la Mediación insta al desafío de amigarse con el conflicto, para que esta circunstancia sea un motor que gestione propuestas para posibles soluciones. Y ayuda a las personas a observarse con un cuerpo, lenguaje, emoción, historia, eros y silencio, en igualdad de condiciones para negociar con un “otro” legítimo una salida favorable para ambas partes.
NIÑOS: SUJETOS DE DERECHO
Activos, con lenguaje sintético, técnologizados, los niños de hoy están expuestos a temas que recogen de la realidad, como la pedofilia, el homosexualismo, los derechos humanos, la violencia, especialmente desde la televisión, -según un estudio Adimark la actividad cotidiana que más realizan el 88% de los niños es ver TV-, y que requieren ser reflexionados desde varias miradas con adultos responsables, siendo la ausencia de estos mayores en el hogar uno de los problemas más serios que enfrenta la sociedad. En este sentido los padres se ven complicados en la formación de sus hijos.
La noción de sujetos de derecho, en reemplazo del “objeto de derecho”, se vincula con las nuevas formas curriculares y metodológicas que propone la Reforma: contenidos con sentido para los estudiantes, participación activa del alumno en el proceso de educación, aprender a aprender, fomento de estilos de pensamiento crítico y creativo, formación en habilidades sociales, entre otros, que los ayudaría a ser menos permeables a las variables de vulnerabilidad externas.
Porque los niños no tienen la capacidad de elaborar apropiadamente, ni las herramientas para seleccionar, priorizar y entender la información disponible. Y reciben tantos mensajes a la vez, -que toman y dejan casi instantáneamente-, sin desarrollar el pensamiento, ni ahondar en una idea , reduciendo con ello también su lenguaje, su imaginación, y constituyéndose, en algunos casos, en repetidores de temas que accionan bajo ciertos impulsos. De esta forma reaccionan de acuerdo a estímulos, como la violencia, sin medir las consecuencias de sus actos.
El desafío entonces, es construir puentes de comunicación entre pares, y con los adultos, en esta redefinición de la relación del niño con la familia y el Estado, a través de un lenguaje apropiado, y con formas de vínculo más democráticas, en climas afectivos que promuevan la responsabilidad, en espacios educativos innovadores, acordes a los nuevos tiempos.
Los adultos les deben compañía en su crecimiento. Hay que escucharlos en forma activa, darles oportunidad para que ellos escuchen también, y transmitirles el acervo cultural que podría perderse en la incomunicación, siendo un capital muy valioso de ser considerado. En este sentido la Nueva Legislación los reconoce como sujetos totales que requieren relacionarse con otros para desarrollar su máximo potencial, aunque no les niega la necesidad de protección y cuidados especiales que se les debe.
Si bien los niños, en conocimiento de sus propios derechos, tienen una postura menos sumisa por su contacto más directo con esta realidad inmediata, no saben, entonces, como cuidarse del bombardeo de estímulos y mensajes. Por lo tanto como adultos los debemos instar para que elaboren ideas y se expresen, sin que se escondan detrás de un personaje, un computador, o en conductas socialmente desestabilizadoras. Para que plantearse frente a sus propias dificultades y diferencias sea un ejercicio reflexivo y no un acto espontáneo de acción y reacción, dentro de esta instancia situamos la Mediación Escolar.